¡Si le
hemos dado todo, no le ha faltado nada ¡ ¿Cuánto tiempo dedicamos a jugar con
ellos, a escucharlos, a leer con ellos, a pedirles que ayuden en las tareas
domésticas y aexigirles que ordenen su
cuarto?
He tardado mucho en comprender que el arte de la política
está en la capacidad de dialogar una y otra vez, sabiendo que nada es
definitivo en este arte tan complejo.
Entre las
nuevas generaciones en el parlamento tengo la sensación de ver cachorritos de oro,
que han crecido como una inversión de sus padres y que en muchos casos están convencidos
de que no hay nadie ni nada como ellos.