sábado, 4 de marzo de 2017

el sexo cerebral


El desarrollo armónico, que aporta y mantiene la identidad personal, permite que en la persona coincida el sexo cerebral y psicológico con el corporal. Pero algunas personas se sienten del sexo opuesto al de su cuerpo.

No se trata de enfermedades de estados intersexuales -con base orgánica-, sino fundamentalmente de una distorsión psicológica, de un problema de disconformidad de una persona bien formada con su propio sexo.

La ayuda a una persona a resolver un conflicto sobre su identidad sexual debe ser global, descartando primero trastornos biológicos y luego actuando sobre lo psicológico.

Sin embargo, en algunos casos se opta por cambiar el sexo genital y los caracteres sexuales secundarios a través tratamientos físicos como intervenciones quirúrgicas y tratamientos hormonales.

A menudo, los pacientes que se someten a estos tratamientos siguen insatisfechos o incluso se sienten peor.

¿Cómo ayudar a las personas que no se identifican con su propio sexo? ¿Son las intervenciones quirúrgicas y los tratamientos con hormonas la respuesta a su problema?

Psicoterapia mejor que operar

De acuerdo con hipótesis como la del psicoanalista americano Robert Stoller, quien perfiló la estructura clínica propia del transexualismo, la transexualidad se debe ante todo a un medio que no ha permitido la estructuración de una personalidad equilibrada.

También pueden influir factores fisiológicos, como explica  la catedrática en bioquímica Natalia López-Moratalla en el artículo La identidad sexual: personas transexuales y con trastornos del desarrollo gonadal.

La terapeuta sexual Lourdes Illán afirma que estos trastornos deben tratarse con la psicoterapia, ya que puede ayudar a superar las “alteraciones que arropan la idea transexualista”, entre ellas los “sentimientos que provocaron la falta de identificación psicosexual con el propio sexo, como son en muchas ocasiones el desprecio del paciente al progenitor del mismo sexo y a la condición sexual de su sexo en general, a la sexualidad propia de su sexo,…”.

Respecto a las operaciones llamadas de “cambio de sexo”, las personas que se someten a ellas pierden su capacidad de engendrar y de vivir un acto sexual completo normal.

Por otra parte, esas intervenciones quirúrgicas intervienen sobre partes del cuerpo sanas, lo cual, según Illán “no es admisible desde un punto de vista ético, introduce nuevas disonancias entre los varios componentes del sexo (entre el sexo genético – gonádico, el sexo fenotípico y el sexo psíquico) y empeora el estado psíquico del sujeto”.

En este sentido, la Carta a los agentes sanitarios del año 1995 del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Agentes Sanitarios recuerda que “la vida humana es a la vez e irreduciblemente corporal y espiritual” e indica que “el sentir y el desear subjetivos no pueden dominar y desatender las determinaciones objetivas corpóreas”.

El documento eclesial señala también que “el agente de la salud no puede ignorar la verdad corpórea de la persona y prestarse a satisfacer deseos, ya sea subjetivamente manifestados, ya sea legalmente codificados, en contraposición con la objetiva verdad de la vida”.
 
¿Niños transexuales?

Pero actualmente la ideología de género que separa la identidad sexual y el género convence a muchas personas de que ser varón o mujer no está determinado fundamentalmente por el sexo, sino por la cultura. A menudo prima la indiferenciación sexual.

Este contexto influye en la construcción que realizan los niños de la imagen ideal de su propio sexo, que sobre todo depende del comportamiento de los adultos que le rodean y de la relación que tenga con ellos, según Illán.

Por eso, la terapeuta destaca la necesidad de trabajar para que los niños y niñas logren sentirse bien con su propio cuerpo y todas aquellas características que “marcan” la diferencia sexual a nivel intelectual, emocional y psicológico. “Conseguirlo supone: ser feliz de mi “ser mujer” o… ser feliz de mi ‘ser hombre’”, asegura la terapeuta.

En varios artículos publicados hace algunos años en los números 106, 107 y 108 de la revista Ciutat Nova, la experta identifica una serie de conductas que nos pueden alertar sobre un posible Trastorno de Identidad Sexual (TIS) en los niños
 El intenso deseo – o la insistencia repetida – de pertenecer al otro sexo.
El interés por el travestismo y la tendencia a imitar actitudes femeninas.     
La marcada y obstinada preferencia por los roles del otro sexo en los juegos de representación teatral.
 El intenso deseo de participar en los juegos y pasatiempos típicos del sexo opuesto.
 Una marcada preferencia por compañeros de juego del sexo opuesto.
 En mucho casos, podemos observar que a nivel familiar se da lo que los psicólogos han llamado la Relación Triádica Clásica,  que consistiría: en la combinación de un padre ausente o que mantiene una mala relación con la madre y con el hijo, una madre superprotectora o que busca compensación a la falta de relación con el padre apoyándose de forma exagerada en la relación con el hijo varón y un niño muy sensible y emotivo.

En las niñas destaca:
  Frecuentar amistades masculinas, preferencia por actividades deportivas y juegos masculinos
  Negarse a vestir atuendos femeninos, como faldas, querer llevar el pelo corto.

 Y en los casos más serios negarse a orinar sentada, haciéndolo siempre de pie y la fantasía de que con el tiempo le crecerá el pene.
  En la adolescencia aparecerá un rechazo al desarrollo de los senos y por supuesto a la menstruación.

La experta constata que, “así como en el caso de los varones las actitudes afeminadas son un elemento muy importante, que va a provocar el “etiquetado” y el rechazo por parte de los compañeros varones… esto no ocurre de la misma manera en las chicas etiquetadas como “marimacho”, no viven el rechazo tan sumamente doloroso y generalmente estas niñas al llegar a la adolescencia se feminizan y no sufren ni manifiestan ningún problema”.

Ante estas situaciones, Illán propone varias actuaciones, especialmente dirigidas a educadores de Educación Infantil y primer ciclo de Educación Primaria:

• Potenciar que nuestros alumnos realicen un buen proceso de Identificación Psicosexual.

• No potenciar, ni permitir “el etiquetado” por nuestra parte, por parte de sus iguales, familiares u otros profesores.

• No humillar, ni castigar jamás a un niño o niña por mostrar una conducta de este tipo, pero tampoco potenciarla.
Cuando un niño de forma reiterada tiene comportamientos típicos del otro sexo es fundamental reforzar su condición masculina o femenina (según sea el caso). Los comentarios sobre los mismos, deben hacerse sin ridiculizar, ni avergonzar, distinguiendo la conducta de la persona. El Dr. Nicolosi sugiere una frase: “¡Eh, que tú eres un chic@!”, dicho con un tono positivo, dando ánimo, como quien dice: “Te estoy recordando quién eres y lo que eres es bueno”.

• Animar y alentar al niño cada vez que muestre una conducta en la que se identifique con “el modelo ideal” de su sexo.

• Facilitar la formación e información a los padres para que no “dejen pasar el tiempo” sin actuar, pensando que es algo gracioso o simplemente que su niño o niña “les ha salido así” y “tienen que aceptarlo tal como es”, por supuesto que hay que aceptar a los hijos tal como son… pero a veces esta “aceptación” se acerca más a una postura de resignación pasiva que de ayuda y amor a ese niño. Esto ocurre muchas veces por desconocimiento y por influencia de la ideología de género que nos impregna tanto a nivel social como cultural y

• En los casos más extremos, aconsejar la búsqueda de la ayuda de un profesional, que tenga una visión integradora de la sexualidad.

PATRICIA NAVAS  

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